Ella. En parte niña, en parte mujer. En esa edad que todos califican como una edad difícil: la adolescencia. Ella adolescente.
Sólo tenía un deseo. A pesar de lo que todos dicen de esa edad difícil, en la que no se sabe lo que quiere, ella sí lo sabe. ¿Madurez? No, aún tiene mucho de niña. Mucho de niña pequeña.
Pero hay algo que tiene claro. Quiere saber qué es el amor. Ha oído mucho acerca del primer amor, del amor verdadero, ese que no se olvida, que te hace feliz completamente. Ese que aparece en películas, libros, televisión.. Ese que ve en todas partes, instituto, calles, parques, carteles... Excepto en sí misma. Excepto en su vida.
Para otros, ella puede parecer afortunada, pues aparentemente ha tenido oportunidades para conocer el amor. Aparentemente. Ojalá. Ni por asomo ha sentido eso que describen como amor, esas mariposas que surgen en el estómago. ¿Dónde están? Quién sabe. Y mira que ha tenido relaciones, para ella, más bien pseudo-relaciones.
Nunca ha sentido especial cariño por nadie, ni cree que nadie lo haya sentido por ella. No se ha sentido importante para nadie, ni nadie lo ha sido para ella. Pseudo-relaciones. Cortos noviazgos o rollos que sólo sirven para confirmar todo lo que había pensado siempre: todavía no sabe qué es el amor.
El tiempo pasa. La gente pasa. Ella se siente sola. Sus amigas tienen novio. Todas están enamoradas, o eso parece. ¿y ella?¿Cuándo le toca? Parece que todavía no llega su turno, pues ningún chico se acerca a ella. Huelen las ganas de compromiso y se asustan. Muy típico. Hombres. No sirven para nada, sólo para crearse problemas.
Ahora prefiere estar sola. Prefiere disfrutar de sí misma y de sus amigos y familia. Es joven. Necesita cambiar de mentalidad. Disfrutar de la vida, de su juventud. Ya tendrá tiempo de enamorarse. Y de desenamorarse. Quién sabe, puede que esté así durante mucho tiempo. Y muy feliz.
Paradojas de la vida. Había decidido estar sola. Había decidido no obsesionarse con buscar el amor. Pensaba que llegaría tarde o temprano. Pero lo que no esperaba era que fuera tan pronto. Vivir para ver. Sus esquemas se rompieron por completo. Lo conocía desde hace mucho tiempo atrás. Estaban en el mismo instituto, pero él es mayor y se fue.
Durante dos años no volvió a verlo. En una ocasión se lo encontró por la calle. Lo recordaba a la perfección. Pensó en el tiempo que llevaba sin verlo, en todo lo que había cambiado. Incluso había crecido un poco, y ya era difícil. Así, a ojo, debía superar los 2 metros. Físicamente siempre entró dentro de su tipo, pero nunca le llamó la atención.
Hasta ese día. El día en el que hablaron por primera vez. Flechazo. Las dos primeras frases le bastaron para saber que era el hombre de su vida. Si físicamente era muy aceptable, personalmente era encantador, y poco a poco se iba convirtiendo en perfecto.
Estaba enamorada. Lo sabía. Nunca se había sentido así. Pero no parecía algo mutuo. Ella no hacía más que pensar en él. Sólo deseaba poder conectarse para ver si estaba.
Pero el no quería atarse. Sólo quería divertirse. Prevalecían sus estudios. Necesitaba dedicarle mucho tiempo, y una novia en ese momento era lo menos aconsejable.
Al final quedaron. Querían verse. Querían divertirse. Ella quería divertirse con él, pero durante toda su vida. El, no lo sabía. Parecía mostrar más y más interés. Pero ese interés podía ser falso, un interés para convencerla y llevársela a la cama. A ella le daba igual. Ella haría cualquier cosa por amor. Intentaría luchar por él. Se vieron, se divertiron. El seguía demostrando más y más interés.
Ella se pasaba el día nerviosa. No comía. Su estómago bailaba. Sentía las mariposas... ¡Las mariposas! Se confirmaba: estaba completamente enamorada de él.
Entonces llegó lo inesperado. Ese día las mariposas se multiplicaron. Él le pidio salir. Era relativamente pronto, pero él parecía seguro. Ella aceptó sin pensárselo dos veces. Ya lo tenía, y no pensaba dejarlo escapar.
Cuando menos se lo esperaba, el amor llegó a su vida. Y parece no querer irse. Cada día que pasa parece estar más segura de ese flechazo. El demuestra más y más. Compagina amor y estudios. Ambos lo hacen, pues ambos estudian.
Poco a poco, la relación va afianzándose. Él es genial, lo que nunca pensó que encontraría. Ella gana en madurez. Por fin se siente importante, se siente amada, querida. Se siente mujer. Aunque tiene algo de niña. De niña pequeña, que tiene una rabieta sin motivo. La adolescencia está presente aún. Pero con él se siente completa: niña, adolescente, mujer.
Y espera que sea así durante mucho tiempo más. Quiere tener el destino a su favor. Es lo que le falta para batir el récord en felicidad.
A veces, cuando se desea algo con todo el alma, parece no llegar. Sin embargo, basta con aparcarlo momentáneamente para que aparezca.
¡Ding dong! Ya está aquí, ya llegó.
Abre la puerta, corre. Es él. Es el amor.
que bonitoo!! (:
ResponderEliminarCarol! me hago seguidor! jaja
ResponderEliminaruala no hagais que me motive xD
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