miércoles, 20 de octubre de 2010

tenía que pasar

Decisiones. Decidir hacer click o no puede cambiar una vida completamente. Porque hace un año yo decidí clickear. Porque hace un año, con el simple movimiento de un dedo, todo cambió.


Yo, reconozco que un poco perdida, hace un año decidí que sí agregaría a esa persona en esa red social. Poco a poco fui conociéndolo, pero desde la primera frase que salió de sus dedos y llegó a mis ojos supe que sería alguien especial, había conexión, y era inevitable. Tenía que pasar. Él tenía que pasarme, a mí.


Aún reflexiono sobre aquella porción de tiempo, pues si no reflexionara sobre eso no escribiría nada. Y reflexiono, porque no me lo creo. Éramos dos completos desconocidos, pero en un día, ¡parecía que nos conociéramos de toda la vida!


Todavía una parte de mi mente no quiere asumir esto. Yo nunca había recibido tanto amor, tanta alegría, tanta felicidad... ni tampoco había dado tanto. Por eso esa parte de mi mente está alerta. Me dice que todo esto es un sueño, que algún día me despertaré y todo se habrá esfumado.


Si esto es un sueño, que nadie me despierte, no quiero despertarme, porque entonces no podré volver a dormirme nunca más.

domingo, 10 de octubre de 2010

Diferentes conceptos.

Después de tanta y tanta reflexión, creo que por fin he llegado a la causa de todos mis quebraderos de cabeza: la concepción de los conceptos.

Suena un poco extraño, pero creo que mi problema es que yo concibo las cosas diferentes a los demás, y por eso me siento a veces tan incomprendida, porque lo que yo pienso que se identifica con algo (esto es, como debe ser un comportamiento, una actitud...) realmente mis prójimos no lo sienten así, y se produce la desestibilización.

Yo pienso que algunas cosas, imprescindibles para las personas, tales como las relaciones interpersonales y afectuosas deben ser eso, entre personas, que haya afecto, un contacto, una comunicación... sin embargo, es algo que la gente que me rodea parece no pensar, desembocando en un sentimiento parecido a la soledad, siempre momentánea claro, porque hay alguien que nunca falla.

Así pues me resigno a vivir para mí misma, y para aquellos que me demuestren que tienen la misma concepción que yo de algunas cosas, pues si para ellos son diferentes, está claro que no saldrá nada bueno.