Hoy es de esos días en los que no te entiendes ni tú mismo.
Quieres decir algo, y te quedas con las manos puestas en el teclado, sin saber qué poner, porque hay tantas cosas que podrían decirse, pero que tienes que callarte, o que simplemente no sabes cómo decir, que acaba desatando un sentimiento muy cercano a la frustración.
Sabes que necesitas hablar con alguien, de hecho, tienes muchas redes sociales abiertas, y sin embargo, te sientes solo. Hay cientos de personas al otro lado con las que podrías establecer contacto, pero no lo haces.
Es increíble como las redes sociales, que se supone que hacen que las relaciones sean más fáciles, pueden convertirlas también en algo frío. Cada día me gustan menos.
No las necesito cuando estoy en buena compañía, pero qué difícil es encontrar eso últimamente.
Y lo peor de todo es cuando, después de haber pasado un par de semanas muy bien acompañada, pese a todas las obligaciones que también han tenido que llevarse a cabo, te das cuenta que difícilmente se vuelva a repetir algo así, tener esa compañía todo el tiempo del mundo, y no empezar a echarla de menos ya cuando te estás despidiendo.
Pero todo esto siempre radica en el mismo problema: ese problema.
Es un problema que va a seguir presente mucho tiempo, porque quizás así sea como provoca menos sufrimiento, ya que dudo que tenga solución alguna, y quitármelo de en medio va a ser mucho más doloroso y difícil.
Todavía hay muchas cosas que quieren salir, pero que soy incapaz de plasmar aquí.
Ahora más que nunca este blog hace gala de su nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario