En un mundo paralelo todo va bien. No tengo ninguna duda, no hay problemas de ningún tipo y no existe la soledad. No existe el dinero, se puede viajar libremente, conocer otras culturas y la tolerancia es algo real. Las crisis económicas solo son parte de la trama de los libros más vendidos. Hay paz en el mundo. El hambre no existe. La gente se quiere, se apoya. El miedo se esfuma.
A mí me da miedo afrontar la realidad. A menudo me refugio en ese mundo paralelo de sueños e ideas que desgraciadamente solo existe en mi cabeza.
No quiero vivir el futuro. Me da miedo el futuro. Mi vida pierde el poco rumbo que tenía.
Siento que la gente que me rodea solo forma parte del atrezzo de una vida que continúa sin ningún tipo de rumbo. Poca gente se ofrecería a cogerme de la mano, a guiarme y a ayudarme en esta aventura que cada vez presenta más riesgo. Y es que todo el mundo tiene miedo a la soledad, ¿no? Esa soledad es la más temida. Se puede sobrevivir de cualquier manera sin una pareja, pero no sin amigos.
Puedes tener la certeza más absoluta de haber encontrado a alguien que encaja dentro de tu concepto de perfección y tener la seguridad de que no va a abandonar un lugar de tu corazón, por mucho que intentes empujarlo con otras personas y echarlo de él. Pero sin embargo, es un dolor llevadero por que se supone que tienes más cosas en la vida. ¿Qué cosas?
Ni siquiera puedo refugiarme en los estudios porque no estoy capacitada para llevarlos adelante adecuadamente. La desilusión y la decepción invaden mi estado de ánimo. No voy a poder irme de Erasmus. Maldita economía. Maldita «dinerodependencia». Es una pescadilla que se muerde la cola. Si no hay dinero, no me puedo formar correctamente. Y si no me formo correctamente, nunca llegaré a conseguir dinero. Y así vamos.
¿Qué se puede hacer cuando todo va mal? ¿Qué haces cuando estás cansado de buscar soluciones a problemas que no puedes resolver?
No lo sé, yo me vuelvo a mi mundo de fantasía.
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