«Las estrellas nos miran como pequeños ojos curiosos llenos de morbo, mientras el agua del mar nos arropa y nos protege. La noche, nuestro testigo más fiel. Acortas las distancias que hay entre nosotros, con esa sonrisa pícara que te caracteriza. Sé lo que está pasando por tu cabeza. Continúas acercándote, y dulcemente tus labios besan los míos. En ese momento, creo reconocer esa sensación que suelen llamar "paz interior". Pero con una diferencia: mi paz interior es un ente externo, y me está rodeando con sus brazos».
En ese momento abro los ojos, esperando encontrar los suyos justo delante de mí. Pero no están. Todo se ha desvanecido al despertar, una mañana más, del mismo sueño. La frustración me invade cuando me doy cuenta de que ese sueño no es más que una pincelada dentro del cuadro que podríamos pintar juntos. Pero todo se queda en un sueño, un sueño que dista mucho de la realidad. A falta de recuerdos o de vivencias, buenos son los sueños. Y puede que ese sueño comparta escenario y protagonistas con algún momento de mi vida; pero en cuanto al resto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario